Lo que no puede fallar en tu empresa en 2026 (y no es el software)

Lo que de verdad no puede fallar en 2026
En 2026, el software es importante, sí. Pero no es lo más importante. Lo que no puede fallar es algo más amplio y más real: tu capacidad de operar sin sustos cuando cambian piezas que no controlas (proveedores, integraciones, normativa, ciberamenazas, actualizaciones…).
Si tu cliente no puede pagar, si el equipo de atención no ve expedientes, si logística no etiqueta, si facturación no sale o si el cuadro de mando miente, el problema ya no es “de IT”. Es de ingresos, costes, continuidad y reputación.
Por eso, lo que no puede fallar en 2026 es esto: tener un socio tecnológico que implante lo necesario, lo conecte bien, lo proteja y lo mantenga sano con método. No “más herramientas”, sino más control.
La trampa de 2026: creer que con “tener software” basta
Muchas empresas llegan a 2026 con una mezcla de apps, ERPs, CRMs, paneles, automatizaciones e IA. Y aun así, cada cambio da miedo. ¿Por qué? Porque el sistema real no es una herramienta: es un ecosistema.
- Integraciones y APIs: si se rompen, el negocio se atasca.
- Datos: si no son fiables, se toman decisiones malas con total seguridad.
- Seguridad: si entra alguien, no te pregunta si “tenías software moderno”.
- Operación: si no hay monitorización, planes de recuperación y control de cambios, los incendios llegan solos.
El objetivo no es “modernizar por modernizar”. El objetivo es que tu empresa no se caiga cuando el mundo cambia.
Señales claras de que lo que falla no es el software, sino el control
Si te suena alguna de estas, no es que “falte tecnología”: falta gobierno y acompañamiento.
- Cada despliegue es tensión: “crucemos los dedos”.
- Los plazos se vuelven impredecibles porque todo depende de “un borde”.
- Las integraciones se rompen por cambios de terceros.
- Hay cosas que “solo entiende una persona”.
- El negocio pide velocidad, pero el sistema pide cuidado.
Ejemplos reales que explican por qué en 2026 manda la resiliencia
Para aterrizarlo, aquí van casos conocidos que no van de “código bonito”, sino de impacto real cuando falta control, pruebas, planes de vuelta atrás o gobierno de terceros.
Cuando un sistema “funciona” durante años… y resulta que no: el escándalo Horizon de Post Office se convirtió en un ejemplo muy conocido en Europa sobre cómo un sistema informático puede afectar decisiones, procesos y personas durante mucho tiempo.
Cuando una actualización de un tercero te apaga medio mundo: la interrupción global ligada a una actualización de CrowdStrike (julio de 2024) mostró cómo dependemos de piezas que no controlamos y por qué el cambio necesita disciplina y planes de recuperación.
Cuando una migración se hace sin red: el caso de TSB en Reino Unido se citó durante años por los impactos tras una migración de plataforma y por las consecuencias cuando la resiliencia no está bien trabajada.
Cuando metes IA “porque toca” y te obligan a frenar: Italia bloqueó temporalmente ChatGPT por preocupaciones de privacidad. Enseñanza práctica: no es “no uses IA”, es “úsala con reglas, encaje legal y control”.
Cuando la IA filtra lo que no debe: Samsung restringió el uso tras incidentes de filtración. No es miedo: es gobierno, formación y arquitectura de datos.
Cuando un ataque te obliga a reconstruir la empresa “a mano”: NotPetya y el caso de Maersk se citan como ejemplo del coste y el impacto operativo de un ciberataque.
Enlace: https://www.computerweekly.com/news/450424559/NotPetya-attack-cost-up-to-300m-says-Maersk
Cuando la seguridad y el dato golpean caja y reputación: el caso de British Airways y la multa bajo GDPR fue un recordatorio de que esto no va de “cumplir por cumplir”.
Enlace: https://www.theguardian.com/business/2019/jul/08/ba-fine-customer-data-breach-british-airways
Cuando el ransomware paraliza la operación pública: en España, el caso del SEPE mostró el coste operativo real (web caída, trámites afectados, trabajo manual, retrasos).
Enlaces:
https://www.rtve.es/noticias/20210309/ciberataque-sepe-bloquea-web-paraliza-servicio/2081300.shtml
https://elpais.com/tecnologia/2021-03-09/el-virus-de-secuestro-informatico-ryuk-principal-sospechoso-del-ciberataque-contra-el-sepe.html
Entonces, ¿qué no puede fallar en 2026?
Si lo llevamos a una frase: no puede fallar tu capacidad de implantar y operar tecnología con control. Y eso se concreta en cinco cosas muy terrenales:
- Gobierno del cambio: saber qué se cambia, por qué, cómo se prueba y cómo se vuelve atrás si algo sale mal.
- Integraciones robustas: diseñadas, protegidas y monitorizadas (porque ahí se rompen muchas empresas).
- Datos fiables: definiciones claras, calidad, trazabilidad y acceso controlado.
- Ciberseguridad operativa: prevención, detección, respuesta y recuperación (con simulacros, no con fe).
- Acompañamiento continuo: mantenimiento, rendimiento, observabilidad, deuda técnica y evolución sin sustos.
El papel del socio tecnológico: menos humo, más tranquilidad
Aquí viene la idea central: en 2026 lo diferencial no es “tener software”. Lo diferencial es tener un socio tecnológico que reduzca tres dolores concretos:
- Incertidumbre: convierte “a ver si llegamos” en un plan con hitos claros y riesgos visibles.
- Fragilidad: evita que cada cambio sea una ruleta rusa.
- Dependencia: reduce el “solo lo entiende X” y deja el conocimiento en el sistema, no en una cabeza.
En la práctica, se nota cuando hay método: diagnóstico, diseño antes de construir, pruebas, control de cambios, monitorización y planes de recuperación. Eso es lo que hace que el negocio duerma mejor.
Criterios prácticos para elegir socio tecnológico en 2026
Si lo tienes que decidir como dirección, estos criterios te evitan muchas sorpresas:
- Casos comparables y explicables: que cuenten problemas reales resueltos sin “magia”.
- Capacidad de hablar negocio: ingresos, operación, riesgo, cumplimiento y reputación, no solo funcionalidades.
- Método visible: hitos, control de cambios, pruebas y una definición clara de “terminado”.
- Seguridad y continuidad desde el diseño: no al final, no “cuando sobre tiempo”.
- Gobierno de integraciones: cómo diseñan, protegen y observan las conexiones con terceros.
- Transparencia: que te digan pronto lo que puede salir mal y cómo lo van a evitar (y recuperar).
- IA con cabeza: reglas de uso, privacidad, control de calidad y plan de contingencia.
Una pregunta final para saber si vas bien
Si mañana un proveedor cambia una API, si sale una actualización crítica, si entra un pico de tráfico o si hay un incidente de seguridad… ¿tu empresa tiene plan, control y capacidad de recuperación sin improvisar?
Si la respuesta no es un “sí” tranquilo, no te falta software. Te falta lo que no puede fallar en 2026: un socio tecnológico que implante lo necesario y te acompañe para operarlo con control.
Categorías
Juanma Gómez Ver todo
Muy fan de la tecnología, del marketing y de los escape rooms. Cualquier escusa es buena para disfrazarse o para disfrutar un videojuego de estrategia...
